lunes, 3 de octubre de 2016

Muerte San Francisco de Asís

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Por Marcelo Peralta
La sencillez, humildad, honesto, hábil, aglutinador,  valorado, creyente de la espiritualidad cristiana.
Francesco d’Assisi- San Francisco de Asis, nace en el 1181 y muere el 3 de octubre del año 1226.
Es considerado el santo más sublime del mundo y fundador de la Orden de los Franciscanos.
Francisco de Asís era muy pobre y con padre rico, de nacionalidad italiana de nombre Pietro di Bernardone.
Desde jovencito ayudaba a su padre en el comercio de venta de paños.
En 1202 estuvo preso al producirse un altercado entre las ciudades de Asís y Perugia.
Frase de San Francisco de Asís: "El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote".
Llevado al calabozo enfermó, sufrió y sintió la insatisfacción al tipo de vida que llevaba y se inició su maduración espiritual.
Ya en el 1206 fue donde tuvo San Francisco su primera visión.
Libre de la prisión observó que el templo de San Damián estaba abandonado y destruido, oyó ante una imagen románica de Cristo una voz que le hablaba en el silencio de su muda y amorosa contemplación: “Ve, Francisco, repara mi iglesia.
Ya lo ves: está hecha una ruina”.
El joven Francisco no vaciló: corrió a su casa paterna, tomó rollos de paño del almacén y fue a venderlos a Feligno.
Entregó el dinero obtenido al sacerdote de San Damián para la restauración del templo.
Esta acción desató la ira de su padre; si antes había censurado en su hijo cierta tendencia al lujo y a la pompa, Pietro di Bernardone vio ahora en aquel donativo una ciega prodigalidad en perjuicio del patrimonio que tantos sudores le costaba.
Coge a su hijo y lo llevó ante el obispo de Asís a fin de que renunciara a cualquier herencia.
La respuesta de Francisco fue despojarse de sus propias vestiduras y restituirlas a su progenitor, renunciando con ello, por amor a Dios, a cualquier bien terrenal.
Con 25 años, sin más bienes que su pobreza, abandonó su ciudad natal, se dirigió a Gubbio, donde trabajó en un hospital de leprosos.
Tiempo después regresó a Asís y se dedicó a restaurar con sus propios brazos, pidiendo materiales, ayuda a los transeúntes, las iglesias de San Damián, San Pietro In Merullo y Santa María de los Ángeles en la Porciúncula.
Pese a esta actividad, aquellos años fueron de soledad y oración.
Sólo aparecía ante el mundo para mendigar con los pobres y compartir su mesa.
El 24 de febrero de 1209, en la pequeña iglesia de la Porciúncula y mientras escuchaba la lectura del Evangelio, Francisco escuchó una llamada que le indicaba que saliera al mundo a hacer el bien.
El eremita se convirtió en apóstol y, descalzo y sin más atavío que una túnica ceñida con una cuerda, pronto atrajo a su alrededor a toda una corona de almas activas y devotas.
Fue en abril de 1209 y fueron Bernardo de Quintavalle y Pedro Cattani, a los que se sumó, tocado su corazón por la gracia, el sacerdote Silvestre; poco después llegó Egidio.
San Francisco de Asís predicaba la pobreza como un valor y proponía un modo de vida sencillo basado en los ideales de los Evangelios.

Hacia 1210 al recibir a Francisco, 11 compañeros suyos, el papa Inocencio III aprobó su modelo de vida religiosa, le concedió permiso para predicar y lo ordenó diácono.

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