miércoles, 5 de octubre de 2016

A pesar de los avances la vulnerabilidad aumenta en Santiago.

Foto cortesia equipo de El Caribe.

Por Marcelo Peralta
Santiago, R.D.- La ciudad de Santiago, el Primero de América y del Nuevo Mundo, la que mas personalidades a la Presidente ha aportado al país, es la Segunda en desarrollo, con instituciones de soporte político, económico, social, estructuras similares a la existentes en la Capital, sin embargo, miles de familiares viven en vulnerabilidad social, educativa, económica, cultural, humana, ideológica, técnica, política, porque han emigrado de los campos sin estar preparados en diversos afectos que exigen las ciudades.
 
Emigran de campos a las ciudades en busca de cambiar sus modelos de vida, sin embargo, viven en condiciones vulnerables formando los cinturones de miseria, marginalidad,  pobreza extrema, desigualdades, “atrincheran” a orillas de ríos, arroyos, cañadas, en promiscuidades, surgiendo desde ahí los eventuales delincuentes, drogadictos, atracadores, antisociales y prostitutas.

La vulnerabilidad en el Primer Santiago de América, el que posee edificios que datan desde la visita de Pedro Scotto a América y su camarilla de delincuentes patrocinados por los Reyes Católicos de España del 1492, que aunque ha crecido en su desarrollo de edificaciones suntuosas, sin embargo, tiene en medio de la zona urbana y sus laterales cañadas repletas de aguas residuales, basuras que van al Río Yaque del Norte y miles de familias viviendo en sus riberas.

Las desigualdades entre familias va en crecimiento, unido a las llegadas de centenares de millares de haitianos y haitianas carentes de hábitos, costumbres, educación ciudadanas, de respeto al medio ambiente cometiendo todo tipo de “indelicadezas”.

Es tradición, que familiares enteras salen de los campos ubicándose en áreas de altos riesgos físicos debido a la pobreza, falta de alternativas donde haya menos peligros, carente de productividad, sus vidas son verdaderos desastres, desintegración familiar de sus miembros a corta edad, descarrilamiento social, peligros de muerte, incurren en actos delincuenciales y, muchas jovencitas se prostituyen y al final, resultan contagiadas del VIH.

Muchas veces son los factores económicos, educativos que los “arrastra” a llegar a los niveles de pobrezas, mentales ya que mudarse del campo a las ciudades a algunos beneficia; mientras  a otros los frustran ya que no se acomodan a las condiciones y exigencias de su nuevo hábitat.

En los campos, muchos no pagan agua potable que fluye por las tuberías ya que las consumen desde los ríos, no tienen que pagar energía eléctrica, alquiles de viviendas, transporte, recogida de basura, mantenimiento de limpiezas donde viven, algunos no estudian, no poseen base sólida; contrario ocurre en las ciudades que todo es a base de dinero.

La vida de muchos se convierte en un  “desastre” y al tratar de querer regresar no pueden porque vendieron los mini y latifundios que poseían para cubrir sus estadías en las ciudades.

Sin dinero, ni casas, desempleados, la ausencia de presupuestos públicos adecuados, falta de diversificación de la base económica, situación que los arrastra a vivir a orillas de cañadas, poniendo sus vidas en riesgos latentes.

La vulnerabilidad social por el bajo grado de organización, cohesión interna de comunidades en riesgos, que impiden su capacidad de prevenir, mitigar y responder de manera adecuada a las situaciones de desastre, muchos de ellos mueren ahogados defendiendo sus ajuares en tiempos de lluvias para evitar que se los roben.

Las posiciones que asumen, tiene que ver, también, con el tipo de relaciones que se establecen entre la población, que impiden la acción común, el surgimiento de liderazgos, el aprovechamiento de los recursos que poseen y sus habilidades a hacer los “reajustes” permanecer batallando.

Incurrir en la política partidarista son otras de las “trabas” que conlleva a muchos al “fracaso”, aunque ha varios de ellos, unos más osados que otros que han logrado ascender y superar escollos.

En el alto grado de centralización en la toma de decisiones, organización gubernamental, escasa autonomía para decidir en los niveles ascendentes,  locales, comunitarios, impide la participación activa de los actores sociales en estos niveles territoriales, limitando su participación cuasi exclusivamente a las acciones de emergencias a miles de familias. 
Los niveles de vulnerabilidad cultural constituyen otros de los grandes escollos que “amarra” el autoestima colectiva de centenares de familias que han sido dañada por sucesivos acontecimientos de violencia política, social, el narcotráfico, la corrupción, la dejadez de las autoridades, el debilitamiento del tejido social, configurándose una peligrosa tendencia hacia una débil autoestima, pertenencia colectiva, que desvaloriza lo propio y la acción alrededor del bien común entre el núcleo familiar.  

Y de la vulnerabilidad educativa ni se diga debido a la ausencia e inadecuada orientación de programas, acciones educativas que informen y formen capacidades en la población para participar como ciudadanos, relacionarse adecuadamente con el ambiente con un grado de preparación que recibe la población, formas de un comportamiento adecuado a nivel individual, familiar, comunitario y en caso de amenaza y ocurrencia de situaciones de desastres.  


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