domingo, 8 de noviembre de 2015

El hotel Marién: grandes recuerdos pero sin vicios.

Luis Amilkar Gómez

Por: Luis Amílkar Gómez.
Cuando me enteré, que alguien quería invertir seriamente en renovar el legendario hotel Marién, me alegré muchísimo.


Y es que ese lugar, construido por orden del dictador Rafael Trujillo en 1951, nos trae a la mayoría de los sabaneteros grandes recuerdos.

Nueva estructura del Hotel Marien remozado y al frente el casi.

Desde sus grandes fiestas, con las mejores orquestas del país, hasta las inolvidables celebraciones de bodas, reinados y cumpleaños de nuestros coterráneos.

Su patio español, con sus noches alumbradas mágicamente por la luna, fué el perfecto escenario para declaraciones de amor, bailar un bolero pegadito a la persona amada entrada la madrugada o escucharlas notas sublimes de trompetas en el famoso danzón Teléfono a Larga Distancia.

Allí existió el primer comedor formal o restaurante de Sabaneta.

 Se instaló una de las primeras televisiones del pueblo y  también, fue la localización, del primer acto de inmadurez cometido por el gran Fernandito Villalona.

Por todo ésto, los que tenemos alguna historia del memorable establecimiento, nos sentimos sumamente satisfechos al escuchar que alguien se iba a ocupar de su reconstrucción.

Pero, casi en todas las cosas buenas, siempre hay un pero.

Cuando supe que la restauración del sitio incluía un casino de juegos, se me fue el entusiasmo, a que sé perfectamente que nuestras memorias del hotel Marién iban a quedar sepultadas bajo la adición o vicio que traen los juegos de azar.

El hecho está consumado, ya que este 7 de noviembre, fue su reinauguración en un evento anunciado con bombos y platillos a través de las radios locales.

Sé perfectamente lo que trae un casino a la comunidad donde llega: más miseria y más criminalidad.

Más miseria, porque los juegos que se practican allí, son diseñados mañosa y técnicamente para que gane una sola persona: el dueño.

Más crímenes, porque esa lacra es tan cara como las drogas y muchos de nuestros jovencitos caerán en una trampa que lo inducirá al robo, al asalto y hasta el crimen, para poder mantener el desenfreno que los juegos producen.

Las Vegas, en el estado de Nevada, y Atlantic City, en el estado de New Jersey, son las mecas de los casinos en los Estados Unidos.  

También hay que decir, que ambas son de las ciudades con mayor índice de pobreza y criminalidad en la nación del norte.

Hospedarse en el hotel Marién no será fácil para las familias. 

Nadie querrá exponer sus hijos, no solamente al juego, sinó aun lugar donde entra y sale cualquier persona, probablemente, con una seguridad mínima.

Bueno, al fin y al cabo, a este tipo de negocio no le interesa el hombre con familia, es más vulnerable al juego de azar el hombre solitario.

Lo que pudo ser una gran oportunidad para mi pueblo, de contar con un nuevo hotel limpio y confortable, se ha difluido por el afán incontrolable que crea la ambición.

Estoy seguro que los propietarios del primer casino en Sabaneta y las autoridades, resaltarán en su inauguración, el progreso y las fuentes de trabajo que traerá a la comunidad. 

Y eso está muy bien.

El problema es lo otro.

Aplaudo a todo aquel que quiera invertir dinero en nuestro pueblo, pero que lo haga de una manera constructiva, creando puestos de trabajo dignos para mis compueblanos.

El progreso nunca puede llegar atado al atraso social.

Desde este momento, le digo adiós a la Sabaneta tranquila, a la Sabaneta segura,  a la Sabaneta inocente y sana.

Les dejo con algo que cantó Luisito Rey en los años 70.

“Mi pueblo, ya no es mi pueblo.


Es una ciudad cualquiera”.

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