miércoles, 28 de enero de 2015

A mi que no me cogan de pendejo.. A otro con ese hueso.

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Por Marcelo Peralta

A mí que no me tomen el pelo.
La imaginación de los comandos militares de un supuesto “cordón fronterizo” para detener la avalancha de haitianos y haitianas ilegales es algo que solo existe en las mentes de los ilusos.

En la Frontera zona divisoria entre República Dominicana y el territorio de Haití no puede ser r3eal que haya un alegado control de los inmigrantes, cada vez que entran centenares de haitianos que exhiben un color azulado en su piel.

Si analizamos sus estatus determinaríamos que esos niños,  niñas, adolescentes y adultos algunos (adultos con aparentes desequilibrios mentales), son de recientes llegada a la República Dominicana es reciente.

Si como dicen los jefes militares que hay un sello en la Frontera entonces cabria preguntarnos: ¿Por donde entran esos haitianos a nuestro país?.

¿En donde esta ese cordón fronterizo que delimita los territorios haitiano y dominicano?.

¿De qué está protegida la Frontera entre Haití y República Dominicana?.

Hay mentiras que son piadosas.

Los organismos de seguridad estatal dicen que hay una escuadra de 22 mil soldados plenamente equipados y preparados para garantizar con éxito la tranquilidad en ese espacio y preservar la seguridad y Soberanía del  país.

El Ejército de la República Dominicana ha dicho que ha enviado a la zona 600 soldados como soporte a los que ya existía y que puso en marcha la “Operación Escudo”.

¿Pero cuál es la misión real de esos militares?.

Si han sido llevados allí para hacerse ricos como ha sucedido con otros sería  mejor que no ponga a la población a soñar y a confiar en ellos.

Es un secreto a voces que muchos de los militares enviados a la Frontera salen ricos ya que permiten la entrada de haitianos a nuestro país porque les pagan dinero.

Debemos aclarar que hay militares tan honestos y defensores de la Patria que nos lego Juan Pablo Duarte que son abanderados de la Soberanía Nacional y que siempre hay “manzanas podridas” que dañan a las buenas.

No existe confianza en esos informes que ofrecen a reporteros de provincias y algunos periodistas cuando suelen viajar a la Frontera en busca de la realidad y la verdad de la  migración haitiana, los militares son los primeros en poner “trabas”.

Los jefes militares en la Frontera dicen que han arrestado a 22 mil 608 extranjeros, haitianos, chinos, cubanos, nigerianos y paquistaníes intentando cruzar ilegalmente hacia suelo dominicano.

Pero lo paradójico es, que cuando se trata de buscar estadísticas reales, los jefes nunca aparecen, porque los guardias que están en las puertas principales siempre dicen que los jefes no están.

Cuando se insiste en que le permita pasar a las oficinas les dicen que no tienen autorización y que cumplen órdenes superiores.

¿Se puede confiar en un informe sin estadísticas, sin evidencias, sujeto a lo que diga otro, a sabiendas que no es así?.

El comandante general del Ejército, mayor general José Eugenio Matos de la Cruz, dice que se trata de fortalecer la presencia militar en la frontera, con apoyo del ministro de la Defensa, teniente general William Muñoz Delgado, y el aval del presidente Danilo Medina, ha mostrado, en los registros de sus operaciones, incautaciones de 190 motocicletas, 32 vehículos utilizados para transporte de indocumentados, decomiso de 17 mil libras de ajo, 344 sacos de cebolla, 260 de carbón, 290 de cigarrillos y 18 mil botellas de ron en sus variadas marcas.

Eso está bien, pero son hechos que se producen a cada minuto en un país como es la República Dominicana sin institucionalidad y Haití, un territorio donde impera el desorden, el caos, anarquía, inestabilidad política, económica, social,  con un presidente títere, con un primer ministrado manejado por Estados Unidos, Canadá y Francia y la clase de poder económica que es la dirige.

Si en verdad la frontera tuvieses protegida, en la tierra de Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella, Francisco del Rosario Sánchez, Gregorio Luperon, Santiago Rodríguez, Benito Moncion y los demás prohombres, millones de haitianos no tuvieran mancillando y ocupando  nuestro país.   

¡A mí que no me cojan de pendelo!  

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