martes, 28 de octubre de 2014

Lo traiciona el dinero y fama?.

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Foto masquehumor.net

Por Marcelo Peralta
Oscar Francisco Taveras, joven, humilde, solidario, profesional, millonario, pero la fama lo hizo fracasar. 
Era una promesa y la esperanza de los dominicanos de establecer metas en Grandes Ligas con la organización Cardenales de San Luis en el beisbol de Estados Unidos.
Muchos peloteros talentosos pasaron sus vidas en el beisbol y nunca llegaron a Grandes Ligas, pero él con 22 anos y todo el tiempo a su favor ya disfrutaba de ese privilegio y “manjar”.
Desgraciada y lamentablemente, quizás su juventud, la inexperiencia, el furor, las fantasías, lo llevaron a tocar fondo a ese ídolo deportivo.

El éxtasis de cómo actúa la juventud de hoy día no le permitió conocer en mayor profundidad lo que es la vida y convertirse en una figura de renombre mundial en el  beisbol.

Claro está, que el detalle de aquel fatal desenlace no le permitió ni siquiera procrear un hijo para la posteridad, porque en ese trágico accidente, también murió su novia, Ileana Arvelo una joven de 18 años de edad nativa Moca, provincia Espaillat.

Cada uno de nosotros en algún momento aplaudimos las hazañas de este atleta que beso la gloria en ocasiones jugando para Las Aguilas del Cibao.

Pero, seguro que también nos entristecimos cuando sumidos de su infausta noticia y nos enteramos de que había caído muerto en esa tragedia.

Probablemente a la distancia, a través de lo que los medios nos cuentan, lo que no nos permite experimentar realmente cuán duro puede ser ese momento para quien lo vive y los sufren, como es su familia.

Sabemos que la juventud anda descarriadamente por nuestras calles y, más todavía, cuando un joven humilde llega a firmar un gran contrato como atleta que se descontrola a la hora de recibir sumas en dólares.

Hay que entender que en el deporte no todo es color rosa, ya que son comunes los casos de deportistas que una vez que comienzan a ganar dinero, lo primero que hacen es, comprar una arma de fuego para “terciársela en la cintura” y un vehículo que “vuele” de la potencia.

Hay que comprender que no es ficción, sino que es pura realidad, son historias verídicas y sufridas por familiares, amigos y seres cercanos, que muchos atletas han muertos en accidentes de tránsito, porque se “embriagan de fantasías”.

¿Cuántos atletas hemos perdido en el país por accidentes de transito?

¿A caso existen o no formulas que controle a nuestros atletas para detener el luto en el país?

Si no hay controle hacia nuestros jóvenes ¿Cuántos más perderán la vida en las carreteras?

Ojala que la lista de luminarias caídas como sucedió a Oscar Francisco Taveras se detenga ahí y que no sea como los batazos de que “pica y se extiende”.

Es triste ahora lamentarnos de que al ver caer a esos jóvenes en la “flor de la juventud” es cuando nos damos cuenta de que a ellos hay que ensenarles a que primero deben ser “seres humanos y después estrellas”.

Oscar Francisco Taveras era el atleta convertido en el centro de atención en el beisbol dominicano como en el norteamericano.

Su entrada a juego con Las Águilas del Cibao estaba previsto para el mes de diciembre, porque sugirió a los ejecutivos de que iba a descansar, y que había participado en los juegos clasificatorios con los Cardenales de San Luis con opción hacia la Serie Mundial.

El vacío dejado por Taveras, imagínense el potencial que se ha perdido, la soledad generada, la pieza de la que estaba constituido, ahora lo que nos toca es la resignación y sufrir para cubrir ese espacio.

Estoy inquieto y sugiero a los padres, hermanos, amigos, ejecutivos de los equipos que a esos jóvenes que firmen los mantengan orientados y cuidados con profesionales de la conducta humana para no seguir perdiendo tantas estrellas deportivas.

La tristeza que como ser humano me embarga, solo me permitieron portar una pluma y pedazo de papel para garabatear algunas palabras y transcribirlas en mi computadora.

Les confieso que ni las palabras me salieron de mi garganta al verlo en el ataúd, me sentí abatido, ya que una vida tan joven y profesional se nos fue para siempre.

Hay que sentirse en el lugar triste, la gente de todas las edades sollozando, desesperados, impotentes, solitarios, escalofriantes, mirando su desfigurado rostro, para entonces hacerse juicios de valores.

Créanme que amo mi profesión, he visto personas muertes de todas las maneras, sin embargo, esta vez, la de Oscar Francisco Taveras, la experiencia fue diferente, por su juventud y la tristeza plasmada en los rostros de sus vecinos, originalmente en los niños y jóvenes.

Te fuiste para siempre.

Paz a tus restos.


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