martes, 15 de julio de 2014

Los haitianos andan sin control en Santiago


Camión lleno haitianos

Por Marcelo Peralta
Santiago, R.D.-Con el descontrol existente en la zona divisoria entre Haití y República Dominicana, el flujo de ilegales niños, niñas, jóvenes, ancianos, ancianas, algunos con eventuales signos mentales de nacionalidades haitianas, pululan por las calles de Santiago mendigando una migaja de transeúntes que se desplazan por las calles en la ciudad de Santiago, la segunda en importancia de la República Dominicana.

Por doquier, proliferan las mujeres con dos y tres niños y niñas que se lanzan a las calles de Santiago a pedir,  creando mal precedente en los anales de la historia republicana y poniendo al desnudo la clara realidad en que viven trayendo sus hábitos, costumbres y su cultura a desvirtuar a la autóctona.

Aunque el caso es viejo, y ahora con la llega de miles de haitianos y haitianas viviendo, como es su costumbre, apretujados como piñas en pensiones, apartamentos y casas individuales, cuyos dueños cobran alquileres a precios más elevados a los nativos, es una situación engorrosa para quienes tienen que compartir áreas y un mismo ambiente.

Particularmente en ciudades Cibao, barrios, cafeterías, centros comerciales, urbanizaciones, restaurantes, supermercados, áreas de servicios, centros hospitalarios, clínicas, entre otros, donde proliferan y masivas masas de haitianos y haitianos, quienes circulan sin documentos ni controles por la irresponsabilidad de las autoridades.

En las casas, pensiones y apartamentos se torna difícil conciliar el sueño, debido a los escándalos de los haitianos y haitianas.

Si una persona renta un apartamento a dos haitianos, días después ya cohabitan alrededor de diez personas, a quienes los firmantes del contrato cobran a sus compatriotas por su estadía, mientras los propietarios y firmas de abogados cobran sus honorarios y generan problemas a los legítimos y verdaderos dueños de apartamentos.


Lo penoso del caso es, que los dueños de esos inmuebles que rentan a los haitianos, logran conseguirlos en el Invi vías las cuñas políticas del partido que esté en el poder no viven ellos, sino que lo usan para negocios. 

Otras, son la cantidad de templos, supuestamente religiosos donde acuden centenares de haitianos y haitianas, los gimnasios se observan repletos de haitianos y haitianas, cuestionables por demás, ya que no trabajan, ni estudian, no producen, sin embargo, pagan alquileres caros.

Ante este cuadro desolador, se impone que las autoridades competentes intercedan y reduzcan la cantidad de haitianos y haitianos vagando y deambulando por las calles de Santiago.

Muchos de ellos son choferes de rutas del transporte urbano e interurbano en todo el polígono de Santiago, otros, en cambio, realizan diversos oficios que los dominicanos rehúsan hacer por los bajos precios a que son pagados.

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