miércoles, 30 de abril de 2014

Mujeres dominicanas en NY no temen realizar trabajos de machos


Las dominicanas Ramona Allegrini y María Melenciano
 Foto: Mariela Lombard/EDLP. Por: NUEVA YORK — Son femeninas, vanidosas, madres y orgullosas de su profesión, y aunque trabajan en un campo predominantemente masculino, ellas han probado que nada es imposible de hacer si se lo proponen.
Es el caso de Ramona Allegrini, María Melenciano y Angelita Cadena, tres mujeres que tienen en común la tenacidad con que a diario se desempeñan en su trabajo. 

La primera, como coordinadora de seguridad de una construcción en El Bronx, la segunda como plomero y la tercera como taxista.
Allegrini (40), que mide más de seis pies, no tiene que gritarle a ninguno de los 53 hombres que trabajan bajo su dirección. 

Con una sola mirada, ellos ya saben que hubo algo que a la "jefa" no le gustó.
Nacida en Brooklyn de padre puertorriqueño y madre dominicana, Allegrini se involucró en la construcción desde pequeña, cuando veía a su papá trabajar en esta área.
"En mi casa el lema de mi papá fue que el desempleo o el welfare no eran una alternativa", recuerda. 

Vestida con overol, botas y un casco de protección durante su jornada laboral, Allegrini dice que el tipo de trabajo que desempeña no le impide ir a la peluquería los fines de semana.
Madre de una adolescente de 17, Allegrini alentó a otras mujeres para que incursionen en este campo. 

"Se gana buen dinero. 

Yo llego a los seis dígitos para el mes de Agosto", aseguró.

Esta mujer hija de una dominicaa y de un puertorriqueno fue de las primeras trabajadoras en llegar a las destrucciones de las torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001.

Su frase no dejare que mi ciudad se vaya, en referencia al atentado en Nueva York y los taques terroristas. 
En el caso de Melenciano (34), la plomería no vino como una vocación de infancia. 

Hasta hace cuatro meses Melenciano trabajaba como niñera, oficio que desempeñó desde que llegó de República Dominicana hace siete años, y que decidió cambiar por recomendación de un conocido pese a no saber nada sobre tubos y soldaduras.
Hoy, en medio de taladros, cuchillas y martillos, su vida cambió por completo. "Es un mundo fascinante donde me siento más femenina que nunca", aseguró.
El cambio de Melenciano no solo significó reemplazar los pañales por herramientas pesadas, sino que a nivel monetario su vida mejoró. 

"Como niñera ganaba $20 por día, cuando ahora gano $12 por hora", comentó.
Ese beneficio le permite mantener a su hijo de 11 años, que vive en República Dominicana, ya que como madre soltera tiene a cargo toda su manutención.
La jornada laboral de Angelita Cadena (57) empieza sobre las 10 p.m., cuando manejando su taxi sin medallón se dedica durante toda la noche a recoger pasajeros en El Bronx.
"Prefiero recoger hombres que mujeres, porque muchas de las clientas son muy mal educadas", dijo la ecuatoriana madre de cinco hijos, con nueve nietos y tres bisnietos.
Sobre sus compañeros, Cadena indicó que muchos la admiran por atreverse a manejar de noche exponiéndose al peligro. 

Sin embargo, otros "se burlan, me dicen que me consiga un marido o que me vaya a cocinar", dijo.
Llegó a vivir a la Gran Manzana hace 29 años, y aunque admitió que trabajar de noche le da un poco de miedo, nunca le ha pasado nada.

 "Soy de la religión mormona, y mi fe en el Señor me protege y lo más que me ha sucedido es que un pasajero se baje sin pagar", dijo.
Al final, nada detiene a estas valientes. 

"Mi consejo, especialmente para las mujeres, es que si ven que una puerta se les cierra hay otra que se abre", recalcó Melenciano. 

"No hay una sola cosa que uno, por su género, no pueda hacer".







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