miércoles, 14 de agosto de 2013

Un maeño que prosperó

CALIFORNIA, Estados Unidos,  ROBERTO REYES, es un hombre emprendedor.

Dice que nació en Mao,provincia Valverde, al Noroeste de la República Dominicana.

Vivió hasta la edad de los 14 años en el sectpr de Villa Francisca, Distrito Nacional. 

Hoy, 49 años después, quiere importar a su país sus bebidas para que sean catadas en su tierra.

La suerte lo protegió y emigró a Estados Unidos.

Allí, se hizo profesional.

Hace varios años abrió su negocio denominado Reyes Winery, en California.

Cuando el adolescente Robert Reyes, no imaginaba que le esperaba una gestión exitosa como productor de vino de calidad en los Estados Unidos.

“Precisamente, organizadores de Taste Santo Domingo me han hablado de importadores que pueden estar interesados en traer los vinos”, dice Reyes, quien ansía conocer la producción de uvas dominicanas en Neyba.

Todo comenzó por el gusto del vino de naranja que una tía preparaba en Mao, su ciudad natal. 

Así, este dominicano, de 63 años e hijo de una madre costurera, creció con un interés marcado por la enología.

Compró hace 35 años un libro que explicaba cómo hacer vinos en casa, y empezó a elaborarlos a base de frutas. Cuando su economía lo permitió, adquirió unas 120 tareas de tierra en Agua Dulce, California, y empezó a cultivar un viñedo para producir vinos de consumo personal.

Tras conseguir la licencia, fue hace dos años que inició la elaboración de vinos con finalidad comercial, y ya hoy exhibe varios premios que contabilizan 28 medallas.

Sólo en 2011 ganó ocho galardones que incluyen dos medallas de oro, y el “Best in Class” con 95 puntos en el primer lanzamiento de los vinos tintos.

En 2012 ganó 10 premios.

“Nunca pensé que iba a tener una bodega de vinos, en realidad nunca lo pensé para fines comerciales.

Esto ha sido un ‘hobby’ que se convierte en una empresa”, dice Reyes.

Los vinos producidos por el dominicano son considerados ultra premium. Se degustan en restaurantes de California, y se venden en diferentes supermercados.

La unidad de un vino blanco oscila entre los 16 dólares.

Un tinto cuesta 23 dólares, hasta 30 dólares.

Estos llevan el sello de “Reyes Winery”, y en la etiqueta traen insertadas pinturas del viñedo de Reyes, creadas por él, pues también es un artista.

Este emprendedor criollo hace gestiones para vender sus productos en la costa este de Estados Unidos, donde está la mayor parte de la diáspora dominicana.

¿Cuál ha sido el secreto de su producción vinícola?

“La calidad de nuestro vino empieza en la viña, ya que es pequeña y yo le pongo personalmente muchísimo cuidado.

Además, donde está nuestra viña es un terreno muy árido, tenemos poca agua y dos pozos en la propiedad.

Pienso que por la falta de agua, las parras tienen que sufrir un poquito más para desarrollar su fruto, y la uva es muy pequeña, de una piel muy gruesa, de colores muy profundos, de sabores muy detallados, y son vinos muy robustos, que tienen su calidad única”, responde.

La bodega de Reyes ya tiene acumulada vendimias de diferentes años. La más vieja es de 2009. “Del 2009 pueden quedarnos 15 o 20 mil botellas, de años subsecuentes puede ser que haya entre 20 o 30 mil; vinos por embotellar pueden haber 100 mil botellas.

Ahora mismo tenemos un porto que ya tiene posiblemente siete años en el barril y de ese apenas nos quedan 25 barriles”, dice.

Muestra una botella Merlot 2010, un vino que define afrutado, con sabores de cereza, especias, y que se aparea bien con un filete mignon.

También un Chardonnay de 2011, con sabores de frutas tropicales, perdiéndose entre la guayaba, mango, piña y naranja.

Reyes, un extranjero e hispano corredor de bienes raíces, asegura que entrar en los Estados Unidos al competitivo mundo de los vinos no le resultó difícil.

“Nunca me sentí discriminado”, afirma.

Como su educación superior y universitaria la completó en ese país, asegura que se integró “bien a la cultura americana”.

“He tenido una disciplina y perseverancia en mi propia vida, y creo que como no veo muchísimas barreras delante de mí, mantengo una mente positiva, y básicamente las metas a las que me he dedicado en mi vida las he logrado”, dice.
La aspiración inmediata que tiene trazada este criollo es vender sus productos en todo el territorio estadounidense y el quisqueyano. “Me interesaría muchísimo que a la República Dominicana se traigan estos vinos y que nuestro pueblo los conozca”, dice.
Para aquellos dominicanos que se abren camino en tierras extranjeras, les asegura: “Todo se puede, y para mí, el secreto del éxito está en la perseverancia y la disciplina”.
El viñedo de Reyes Winery está abierto al público los sábados y domingos, y está disponible por citas para visitas especiales.

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