jueves, 8 de agosto de 2013

Justicia y Haití. QUE NOS ESPERA


Por Marcelo Peralta
Santiago, R.D.- En el sistema judicial dominicano hay quienes administran la Justicia en nombre de la Ley, que envían a podrirse en las cárceles a inocentes y liberan a culpables.
En la  vida hay casos que deben llamar poderosamente la atención a los jefes del sistema judicial dominicano.

El juez de un tribunal debe bien puesta dos orejas.

Una para escuchar nítidamente al querellante.
Y la otra para oír los argumentos del acusado.

Pero más, aún, el juez debe poder atención para sopesar el testimonio del Policía corrupto que funge como testigo testigo en el caso.

Otra, el Juez de un Tribunal a la hora de aplicar sentencia contra determinado ciudadano debe analizar, con detenimiento las argumentación del fiscal que está en estrado como acusador de la querella.

Hay fiscales que con toga y birretes suben al estrado cargado de odio contra determinado preso.

Lo hacen hasta porque han tenido alguna diferencia con un pariente del prisionero.

El fiscal que lleva su corazón lleno de odio y de rencor cree que volcando su furia y haciendo     condenar a un ciudadano ha ganado la gloria eterna.

Jóvenes que han caído presos en esas circunstancias se pudren en las cárceles dominicanas,  porque a un determinado fiscal le da la gana de boicotear el conocimiento del juicio, para que alguien sea condenado o liberado.

Hay casos en que un ciudadano lo pudren en los precintos porque a un determinado fiscal  le da la  gana de intimidar a jueces y personal judicial para que testigos no acudan a los juicios.

Todas esas atrocidades se dan en tribunales del país, especialmente en pueblos pequeños de la Línea Noroeste.

Si revisamos, en estos pueblos hay funcionarios judiciales que cometen grandes abusos amparados en el poder del que está revestidos.

Basado en esas fuerzas, con la confabulación del Juez meten en la cárcel a jóvenes, pese a que los cargos judiciales cometidos son manipulados, en contubernios con policías corruptos que se prestan para esos fines arrestando y poniendo armas de fuego y drogas que nunca han poseídos.

Culpables o no, la Policía lo condena y aparecen funcionarios judiciales que corroboran con esa odiosa acción.

Ese funcionario judicial ha sido cómplice con determinados agentes policiales en el arresto de ciudadanos,  que por desgracias a que no han sido favorecidos con la fortuna del ·famoso· dinero, ni antes ni después de ser condenado no tiene quien lo defienda.

Esos jóvenes, inocentes por demás, desgraciadamente son convertidos en las cárceles del país en cadáveres vivientes.

Encerrados allí son condenados a muerte por lo desgraciado que el maldito sistema carcelario dominicano.
Pero, en República Dominicana parece que existe un sistema judicial para condenar a los ciudadanos por antojo de funcionario judiciales.

Tan delincuente, criminal y violador de las leyes, es el autor del hecho, como el funcionario judicial  que lo protege y se presta a cometer sus crímenes y se cubre amparado por la Ley, la toga y el birrete.
Hay casos en que pariente de determinado funcionario del tren judicial que maneja ese organismo  como una finca de su propiedad se han visto involucrado en actos reñidos contra la Ley y la moral.
Sin embargo, estos familiares de ese funcionario son sacados de los expedientes y el responsable de aplicar la Ley ha sobornado, evitando que se mencione en la Justicia el nombre de su pariente y a la vez, de su protegido asaltante.
Para casos de esa magnitud, nunca aparece una maldita autoridad, de la mal llamada competente, porque son, al parecer tan cómplices que la falta de capacidad, les impide ver el daño que han a determinadas familias honorables, humildes y trabajadores.
No obstante, parece que en este país, que en mi opinión, no hay quien lo defienda, por lo que no tardará y en pocos años se le borren el nombre de República Dominicana y se les bautice con uno de nacionalidad haitiana,

Hay muchos dominicanos que estarían encantados de que se le cambie ese nombre.

Por el camino que vamos, con la marcha del sistema judicial imperante, con grandes lagunas, que aprovechan los corruptos y encubridores de crímenes cometidos por algunos de sus parientes no falta mucho tiempo para que este país cambie de nombre .

Cuando en un lapso de poco tiempo, a este país se le cambie el nombre, quisiera que Dios Padre Jehová me permita seguir viviendo, para ver hacia dónde cogerán este grupo de corruptos y criminales que han cometido felonías contra ciudadanos y ciudadanas.

Con tantos abusos, la presencia cada vez mayor de los haitianos en nuestro país, la impotencia de las autoridades para frenar estos casos, la anestesia inyectada por las potencias Estados Unidos, Canadá, España y Francia, y el grupo de malos dominicanos, encubiertos en entidades de las mal llamadas Ongs, República Dominicana será en poco tiempo convertida en un país compuesta por negros haitianos.

Infausto sea el dominicano que inició hace unos años este proceso de haitianización, porque de lo que estoy seguro, es, que reciben millones de dólares, euros y francos para su indelicada acción. 

Si el zapato cabe en el pie de algún funcionario judicial que se lo ponga y se mida el espacio para ver como es que le queda.
   

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