viernes, 26 de abril de 2013

Transformarán a Montevideo




En unos años, Montevideo será irreconocible”. 
La frase pertenece al asesor inmobiliario Julio Villamide, el agente privado con más visibilidad en el medio y que asesora a las principales gremiales inmobiliarias. 
Lo dijo pensando en el impacto que tendrá en el corto plazo la ley de promoción de vivienda de “interés social”, una herramienta aprobada por todos los partidos políticos en 2011, que surgió en el ámbito privado y que en poco más de un año permitió que 158 proyectos privados generen 5.166 viviendas nuevas destinadas a la clase media. 

El gobierno no supo, no quiso o no pudo transmitir esa realidad, que se convierte en una verdadera revolución silenciosa.

Para las familias de clase media el sueño de la casa propia resulta a menudo más sueño que otra cosa. 
La construcción de viviendas fuera de la franja costera, pero sobre todo los programas oficiales para que las familias puedan acceder con menos ahorro previo e incluso subsidio a la cuota hipotecaria, abre una brecha tentadora para solucionar uno de los problemas endémicos.

Tal es el éxito del plan del gobierno junto a los privados, que el Ministerio de Vivienda se dio cuenta de que podía retirar requisitos previos para que las familias participen de programas, como el de tener menores o personas discapacitadas a cargo.

Hasta ahora, la política de vivienda del gobierno había pasado sin pena ni gloria, quizá oculta por otros problemas más preocupantes, como la seguridad o la educación. 

En 2012, el gobierno terminó de construir 2.207 viviendas nuevas, mientras que 10.629 estaban en ejecución, según dice la memoria anual del ministerio remitida al Parlamento en marzo.

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